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Derecho a formar una familia

Las mujeres con discapacidad tenemos derecho a una vida independiente, a mantener relaciones íntimas, a tener pareja y fundar una familia, a ser madres, a cuidar, atender y educar a sus hijos, a adoptar niños y niñas.
Sin embargo, a la hora de la verdad, las mujeres con discapacidad tropezamos con enormes dificultades para ejercer estos derechos. Dificultades que tiene su origen, en la mayoría de los casos, en los estereotipos y roles  sociales que culturalmente se le ha otorgado.
Las mujeres con discapacidad somos víctimas de estereotipos históricos, como:
En la familia se tiene a la sobreprotección de la mujer con discapacidad. Esto contribuye a que éstas tengan una baja autoestima, se consideren personas con necesidad de cuidado y orientación continuas, y con dificultades para mantener relaciones sociales normales. Esto es lo que muchas denominan “chantaje emocional”. La idea de que “son personas que nunca crecen” supone mantener en una eterna infancia a muchas mujeres, a quienes no se les reconoce el derecho a decidir sobre sí mismas, a ser activas protagonistas de su propia historia. Estas mujeres que se la sociedad las ve como débiles y dependientes se ven obligadas en algún momento de su vida el papel de cuidadoras.
En la mayoría de los casos esta sobreprotección ejercida por la familia no es nada favorable para la persona que sufre discapacidad, ya que no la dejan sola ni para acudir al médico, y sólo es la persona que la acompaña la que le expresa que es lo que le pasa, en ningún momento se le pregunta a la persona con discapacidad.
Vamos para “solteras”, desde que nacemos o adquirimos la discapacidad siendo niñas. La familia piensa como he comentado antes que lo que quieren es aprovecharse.
No se piensa en nosotras como mujeres con necesidades sexuales.
Y mucho menos como madres. Las mujeres con discapacidad tiene que enfrentarse a mayores dificultades a la hora de ser madres. Tanto por problemas físicos, derivados de la propia discapacidad, como por obstáculos y sociales, como la sobreprotección familiar, la dependencia,… Para evitar esto es preciso habilitar los servicios y apoyo socio – sanitarios necesarios.
Por otra parte, cuanto más evidente es la deficiencia, más probabilidad de ser consideradas asexuadas y privadas del derecho de crear una familia, tener hijos, adoptarlos y llevar una casa. 

Existe un cuestionamiento social permanente entre el rol que se espera de una mujer y aquel que se le ha asignado como persona con discapacidad. Así, mientras las mujeres en general tiene presión social para tener hijos, las mujeres con discapacidad son animadas a no tenerlos y esto se traduce a una práctica habitual con la esterilización, hecha en la mayoría de los casos sin el consentimiento de la mujer y la negación de la adopción de un hijo argumentando “imposibilidad de la madre” para llevar a cabo su cuidado. Una consecuencia de esta situación es que el número de parejas donde ella tiene una deficiencia es notablemente inferior a si es él la persona con discapacidad.
No somos mujeres de las que salen en la televisión, puesto que en la mayoría de los casos incumplimos los cánones físicos de belleza.
En ocasiones las mujeres con discapacidad “damos lástima”. Muchas de nosotras hemos tenido que escuchar más de una vez: “pobrecita con lo guapa que es”. Se nos trata como enfermas, como personas débiles, somos una carga, no somos productivas, etc.
SE DEBE GARANTIZAR NUESTRO DERECHO A FORMAR UNA FAMILIA, A LAS RELACIONES SEXUALES Y A LA MATERNIDAD, SIN MÁS LÍMITES QUE EL DE NUESTRA PROPIA CAPACIDAD Y DISPOSICIÓN.

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